
Quise asistir al Círculo de Bellas Artes a la presentación (aunque no suelo hacerlo) del libro de Ángel Zapata ‘La vida ausente’ y hoy, ya en casa, le cuento a ella lo que vi antes de subir por aquellas preciosas escaleras de mármol.
Allí estaba Ángel con una sudadera deportiva blanca y una camiseta roja, como siempre ‘medioafeitao’ y con esos ojos ausentes que no paran de mirar a todos lados. Aún eran las siete y él estaba sentado con unos amigos en la pecera del Círculo. Me acerqué a él, se levantó abrió los brazos y me rodeo, le besé (hacía mucho tiempo que no le veía).Le di mi más sincera enhorabuena. Has escrito un relato genial, ¿lo sabes, no? se rió.
-¿Estás contento?
-Hasta que no pase todo esto no estaré a gusto, estoy nervioso dijo.
No quise entretenerle, no era momento.
Pensaba contarle a ella lo que me había parecido el libro, pero le he dicho que mejor se de una vuelta por
miguelangelmuñoz , AntonioJiménezMorato , alvysinger y SergiBellver
¿Sabes?- le cuento a ella- me pareció reconocer a Sergi Bellver, con su camisa de cuadros y su barba estrechita, ojos despiertos, muy serio, charlando con un señor de pelo blanco, pero me dio una inmensa vergüenza acercarme.
La sala de la presentación estaba llena y en la mesa sentados, el editor Juan Casamayor y los ‘espumosos’ Hipólito Navarro con el que nos reímos, pues su ‘no guión’ de la presentación del libro fue divertido; el poeta Eduardo García que hizo una crítica exhaustiva y muy generosa al libro, estuvo irónico y muy critico con los cuentos tan mediocres que se están publicando hoy en día y con las editoriales (ya puestos podría haber dado nombres). Afirmó entre otras cosas que ‘La vida ausente’ es un extraordinario análisis psicológico y sociológico de una generación y creo que tiene razón. Ángel estaba calladito, supongo que avergonzado (de alguna manera), no paraba de enroscar sus dedos, acariciándose la barba y moviendo los ojos de un lado al otro, como si de una marioneta se tratara (los nervios se movían por dentro)
Eche de menos, le digo a ella que Ángel no hablara de 'La vida ausente' desde denro y de los otros relatos, esos digamos ‘surrealistas’. Nadie ha hablado de esos cuentos en los que en alguno, vi aparecer la mano de James Thurber y su Walter Mitty y otras a Unai Elorriaga. Con esto no quiero decir que se parezcan, ni mucho menos, sólo que leyéndolo, en algunos momentos de la escritura, saltaron a un primer plano de mi memoria.
En este libro destacaría la extraordinaria habilidad de Ángel como experto del lenguaje y de los diferentes estilos y su destreza a la hora de plasmar un humor mordaz, cáustico, que además tengo la sensación corrige una y otra vez, sin tregua. Me gustaron los fragmentos de ‘ Migraciones’, pero a dónde van?. Es cierto que ‘La vida ausente’ es un gran cuento, genialmente escrito. Lo es. Pero no veo claro el empeño de Ángel de querer indagar en estilos diferentes por obligación, por cambiar la cotidianeidad de la escritura o la vida. Me pregunto si su personaje de la ‘Vida ausente’ seguirá pidiendo té con leche. Quizá ya es hora de pedir lo que a uno realmente le gusta, dejar de indagar y simplemente escribir, y Ángel sabe muy bien lo que es eso. Lo que está claro es que he disfrutado y leído con avidez y sonrisas este libro.
Allí estaba también el gran Medardo Fraile, sentado junto a Angelina Lamelas. Que gran hombre este Medardo.
Fue Ángel- ese hombre que puede estar cuatro horas seguidas haciendo un verdadero ensayo del famoso Dinosaurio de Monterroso- quien hace siete u ocho años me descubrió a Medardo con su extraordinario cuento ‘Álbum’.
Ella, tras escucharme callada, me ha dicho que ya ha leído el cuento y le ha perecido estupendo, magníficamente escrito y trabajado, con dominio del lenguaje, emotivo y con ese sentido del humor que le caracteriza. Aunque creo-dice- Ángel sigue pidiendo té con leche. Tan sólo espero que no tarde otros cinco años en publicar el siguiente libro.
Se queda callada y al rato vuelve la cabeza y dice: “Por cierto, la portada no me gusta nada de nada”.
Y yo me quedo con una frase de Ángel que cerró la velada: “La vida hay que estar siempre inventándola”
Gracias Ángel.
La sala de la presentación estaba llena y en la mesa sentados, el editor Juan Casamayor y los ‘espumosos’ Hipólito Navarro con el que nos reímos, pues su ‘no guión’ de la presentación del libro fue divertido; el poeta Eduardo García que hizo una crítica exhaustiva y muy generosa al libro, estuvo irónico y muy critico con los cuentos tan mediocres que se están publicando hoy en día y con las editoriales (ya puestos podría haber dado nombres). Afirmó entre otras cosas que ‘La vida ausente’ es un extraordinario análisis psicológico y sociológico de una generación y creo que tiene razón. Ángel estaba calladito, supongo que avergonzado (de alguna manera), no paraba de enroscar sus dedos, acariciándose la barba y moviendo los ojos de un lado al otro, como si de una marioneta se tratara (los nervios se movían por dentro)
Eche de menos, le digo a ella que Ángel no hablara de 'La vida ausente' desde denro y de los otros relatos, esos digamos ‘surrealistas’. Nadie ha hablado de esos cuentos en los que en alguno, vi aparecer la mano de James Thurber y su Walter Mitty y otras a Unai Elorriaga. Con esto no quiero decir que se parezcan, ni mucho menos, sólo que leyéndolo, en algunos momentos de la escritura, saltaron a un primer plano de mi memoria.
En este libro destacaría la extraordinaria habilidad de Ángel como experto del lenguaje y de los diferentes estilos y su destreza a la hora de plasmar un humor mordaz, cáustico, que además tengo la sensación corrige una y otra vez, sin tregua. Me gustaron los fragmentos de ‘ Migraciones’, pero a dónde van?. Es cierto que ‘La vida ausente’ es un gran cuento, genialmente escrito. Lo es. Pero no veo claro el empeño de Ángel de querer indagar en estilos diferentes por obligación, por cambiar la cotidianeidad de la escritura o la vida. Me pregunto si su personaje de la ‘Vida ausente’ seguirá pidiendo té con leche. Quizá ya es hora de pedir lo que a uno realmente le gusta, dejar de indagar y simplemente escribir, y Ángel sabe muy bien lo que es eso. Lo que está claro es que he disfrutado y leído con avidez y sonrisas este libro.
Allí estaba también el gran Medardo Fraile, sentado junto a Angelina Lamelas. Que gran hombre este Medardo.
Fue Ángel- ese hombre que puede estar cuatro horas seguidas haciendo un verdadero ensayo del famoso Dinosaurio de Monterroso- quien hace siete u ocho años me descubrió a Medardo con su extraordinario cuento ‘Álbum’.
Ella, tras escucharme callada, me ha dicho que ya ha leído el cuento y le ha perecido estupendo, magníficamente escrito y trabajado, con dominio del lenguaje, emotivo y con ese sentido del humor que le caracteriza. Aunque creo-dice- Ángel sigue pidiendo té con leche. Tan sólo espero que no tarde otros cinco años en publicar el siguiente libro.
Se queda callada y al rato vuelve la cabeza y dice: “Por cierto, la portada no me gusta nada de nada”.
Y yo me quedo con una frase de Ángel que cerró la velada: “La vida hay que estar siempre inventándola”
Gracias Ángel.
6 comentarios:
Cuando Monterroso se despertó, el dinosaurio aún no había llegado...Tu post me recordó eso, que lei no sé donde, y que me pareció que el famoso cuento podía tener miles de variaciones...
Tan bien narrado que es como haber ido allí cogida de tu mano. Gracias!
Hola detective, creo que llueve por allá.
Sí, es un cuento muy muy grande;-) del que se han hecho muchas variaciones pequeñitas.
Me pasaré gustosa por tu blog.
Un saludo
Hola Pies, ya sabes, siempre hay varias versiones de un mismo evento. Y una, a menudo, se mueve en un absoluto relativismo.
Seguramente si tú hubieras estado allí lo habrías visto con otros ojos (los tuyos);-)
Un beso
Me encanta ser una espectadora más de tus conversaciones con ella.
Un beso.
Gracias princesa. Hay veces que habla demasiado bajo, o quizá le gusta que así nos parezca.
Buenas noches
Me ha tocado tu encanto, como siempre, la delicadeza y el aire respirado entre tanta gente asistiendo a un mismo lugar, para oir hablar de libros. Por una vez, de veras que eché de menos no haber estado en una presentación, y al mismo tiempo, no lo eché, porque gracias a ti he estado, en cierto modo.
Un abrazo.
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