quieto y roto
frag-mentos
La realidad imaginaria
5.3.12
31.12.08
7.1.08
29.12.07
Happy New Year

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Asì la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres
(Julio Cortazar)
17.5.07
Ha sido un placer
Bueno, esta es la entrada 169 –lo he mirado- y con este número tan ceremonial, he pensado trazar en este último post algunas de las muchas coincidencias que existen entre el té y el sexo. Semejanzas, encuentros gestuales y también repeticiones que se repiten desde el momento exacto en que comienza el movimiento de abrir sus respectivos envoltorios, acto que unas veces se hace muy despacio, con la mano, y en cambio otras, el cerebro o su parte inquietantemente oculta, primitiva y siempre tensa, nos exige utilizar la más brutal y nerviosa presión, desgarro de los dientes. Generalmente ejecutada con sicaria maestría por unos insaciables caninos.
Veamos.
Cuando se quiere un té, o acaso sexo, es necesario prepararlo bien. La ceremonia previa es larga y minuciosa, casi podría calificarse como necesaria para que finalmente, tras sentarnos, al coger con la mano la taza, introduciendo lentamente un dedo a través del orificio del asa, elevándola hacia los labios, entreabiertos, seducidos por el aroma ascendente, golosos, atentos para recibir el líquido caliente, muy caliente, todo el esfuerzo previo, hasta incluso el hecho de elegir el momento, la marca, la persona, la ropa o su carencia, la posición del cuerpo, la música también, haya merecido la pena.
Con el sexo ocurre igual, y aunque ya sé que eso va en gustos, es necesaria una preparación larga y minuciosa en la que se degusten todos los movimientos, imaginados antes muchas veces, y asombrosamente diferentes después, para llegar al encuentro con la calma final, los ojos entornados, algo que también a veces como con el té, es preferible compartir y degustar caliente. Aunque hay gente que le gusta frío , a solas, me refiero al sexo, bueno y al té.
Si se toma mucho té con algo invisible que los químicos denominan teína, algo similar a cualquier tipo de patología sexual, necesaria, saludable incluso, que otros serios expertos pudieran calificar con un término de apariencia morbosa que terminara en filia, uno puede acabar excitándose demasiado, con ambas cosas. Y si, por razones presumiblemente morales, se decide escoger la ingesta de algo desteinado quizá, se dormirá mejor, igual que después de una sesión de sexo previsible, rítmico, dominical.
La elección de tomar una taza de té sucede, o se provoca cuando se está a gusto, o hace frío, o todo lo contrario, o cuando nos gobierna cierta inquietud, llamémoslo desasosiego, y también porque en ocasiones apetece cumplir con una saludable rutina autoimpuesta, descansar de los remordimientos de no hacerlo o caer en ellos, o simplemente, porque algo hay que hacer. Igual que con el sexo.
Ya he dicho que cuando se abre una bolsa de té, si se hace con cuidado, aunque la cabeza ande pensando en otro tema, se agarra con dos dedos el hilito para que no se rompa el papel que, gracias a una grapa diminuta, lo une a la bolsa. Un gesto casi simétrico al de extraer el preservativo de su funda y su mundo de grasas deslizantes, con cuidadoso esmero en ambos casos de los mismos dedos en pinza, índice y pulgar, para no dañarlo ni que tampoco caiga. Luego se introduce, imitando el gesto de meter un pie en una cama ajena, la bolsa de té muy lentamente en la tetera, algo que los orientales más expertos, que siempre supieron mucho de ambas cosas, recomiendan haber calentado previamente.
Un proceso similar ocurre con el preservativo, aunque en cambio éste sea continente en lugar de contenido, para volver a lo contrario al momento siguiente. No sé si me explico.
Daremos a esto una vuelta más. Hay que dejar reposar ambas bolsas dentro de sus hogares respectivos, preparados, atentos, debidamente caldeados. Aunque sólo sea porque la espera agudiza siempre los sentidos y acrecienta las ganas, previamente estimuladas por esa ficción de lo que está a punto de ocurrir. Lo que sucede a posteriori es simple. El borroso y sobrevalorado término que defina y englobe el poso que ambos actos nos dejan pudiera ser “placer”.
Aunque lo mejor de todo es la certeza de saber que hay más bolsitas iguales pero encerrando cada una algo diferente, exacto, necesario, en la mesilla o la despensa, y que se puede elegir cualquiera de ellas para tomar otra taza más y compartir otra, e incluso otra más de ambas, dependiendo siempre según la propia necesidad y gusto, en una actitud siempre cambiante.
Al final los contenidos de ambos paquetes gastados, irán a parar juntos a la basura. Y acaso también, alguno, pocos, a ese otro yo impalpable que llamamos memoria.
Veamos.
Cuando se quiere un té, o acaso sexo, es necesario prepararlo bien. La ceremonia previa es larga y minuciosa, casi podría calificarse como necesaria para que finalmente, tras sentarnos, al coger con la mano la taza, introduciendo lentamente un dedo a través del orificio del asa, elevándola hacia los labios, entreabiertos, seducidos por el aroma ascendente, golosos, atentos para recibir el líquido caliente, muy caliente, todo el esfuerzo previo, hasta incluso el hecho de elegir el momento, la marca, la persona, la ropa o su carencia, la posición del cuerpo, la música también, haya merecido la pena.
Con el sexo ocurre igual, y aunque ya sé que eso va en gustos, es necesaria una preparación larga y minuciosa en la que se degusten todos los movimientos, imaginados antes muchas veces, y asombrosamente diferentes después, para llegar al encuentro con la calma final, los ojos entornados, algo que también a veces como con el té, es preferible compartir y degustar caliente. Aunque hay gente que le gusta frío , a solas, me refiero al sexo, bueno y al té.
Si se toma mucho té con algo invisible que los químicos denominan teína, algo similar a cualquier tipo de patología sexual, necesaria, saludable incluso, que otros serios expertos pudieran calificar con un término de apariencia morbosa que terminara en filia, uno puede acabar excitándose demasiado, con ambas cosas. Y si, por razones presumiblemente morales, se decide escoger la ingesta de algo desteinado quizá, se dormirá mejor, igual que después de una sesión de sexo previsible, rítmico, dominical.
La elección de tomar una taza de té sucede, o se provoca cuando se está a gusto, o hace frío, o todo lo contrario, o cuando nos gobierna cierta inquietud, llamémoslo desasosiego, y también porque en ocasiones apetece cumplir con una saludable rutina autoimpuesta, descansar de los remordimientos de no hacerlo o caer en ellos, o simplemente, porque algo hay que hacer. Igual que con el sexo.
Ya he dicho que cuando se abre una bolsa de té, si se hace con cuidado, aunque la cabeza ande pensando en otro tema, se agarra con dos dedos el hilito para que no se rompa el papel que, gracias a una grapa diminuta, lo une a la bolsa. Un gesto casi simétrico al de extraer el preservativo de su funda y su mundo de grasas deslizantes, con cuidadoso esmero en ambos casos de los mismos dedos en pinza, índice y pulgar, para no dañarlo ni que tampoco caiga. Luego se introduce, imitando el gesto de meter un pie en una cama ajena, la bolsa de té muy lentamente en la tetera, algo que los orientales más expertos, que siempre supieron mucho de ambas cosas, recomiendan haber calentado previamente.
Un proceso similar ocurre con el preservativo, aunque en cambio éste sea continente en lugar de contenido, para volver a lo contrario al momento siguiente. No sé si me explico.
Daremos a esto una vuelta más. Hay que dejar reposar ambas bolsas dentro de sus hogares respectivos, preparados, atentos, debidamente caldeados. Aunque sólo sea porque la espera agudiza siempre los sentidos y acrecienta las ganas, previamente estimuladas por esa ficción de lo que está a punto de ocurrir. Lo que sucede a posteriori es simple. El borroso y sobrevalorado término que defina y englobe el poso que ambos actos nos dejan pudiera ser “placer”.
Aunque lo mejor de todo es la certeza de saber que hay más bolsitas iguales pero encerrando cada una algo diferente, exacto, necesario, en la mesilla o la despensa, y que se puede elegir cualquiera de ellas para tomar otra taza más y compartir otra, e incluso otra más de ambas, dependiendo siempre según la propia necesidad y gusto, en una actitud siempre cambiante.
Al final los contenidos de ambos paquetes gastados, irán a parar juntos a la basura. Y acaso también, alguno, pocos, a ese otro yo impalpable que llamamos memoria.
He dicho que sería el último post, y así será, al menos de momento. Me gusta pensar que nada es definitivo, que muchas veces es circular con variaciones. Hace más o menos un año, comencé este viaje que he disfrutado realmente y me ha gustado hacerlo con todos ustedes, sobre todo con los que han acompañado a Olvido y también con los voyeurs sin voz. Porque ya ni siquiera esto es suficiente. Ha llegado la hora de ponerse a corregir, eso que tanto miedo le da a ella.
Ya todo se ha dicho. Y recordad: nunca, nada, permanece igual, aunque lo parezca. Ha sido un auténtico placer. Lo digo muy en serio. Un juego agradable. Y ahora sí, ella y yo os deseamos muy buenas noches a todos. Un besazo.
Voy a abrir una bolsita…
de té.
Nos vemos porque "el porvenir es largo" que decía el otro
Ya todo se ha dicho. Y recordad: nunca, nada, permanece igual, aunque lo parezca. Ha sido un auténtico placer. Lo digo muy en serio. Un juego agradable. Y ahora sí, ella y yo os deseamos muy buenas noches a todos. Un besazo.
Voy a abrir una bolsita…
de té.
Nos vemos porque "el porvenir es largo" que decía el otro
14.5.07
Cuando el regreso es el verdadero viaje
Uno de los principales motivos para hacer algo es ese ineludible ‘¿y porque no?’.. . porque nunca, nada, permanece igual, aunque lo parezca.Allí, un reloj en la pared que da otras horas y el sueño, un alga oscura y el humo. Los libros y por un día quizá las flores en un vaso, las hojas de los árboles y el viento en ellas, el arcoiris y las lágrimas. Me pregunto porqué se llora cuando se ve algo demasiado hermoso? El mar.
Solo queda el paisaje. Y el volver se convierte en robles y el agua sobre ellos, el trigo que se bandea y miles de amapolas, bandadas de estorninos y los ojos maravillados detrás. Montañas y sombras. Muros de piedra y el musgo en sus rendijas, igual que los secretos. Y la música que me acompaña y hace alegre la vuelta.
No me había dado cuenta pero sonreía, porque el regreso es el verdadero viaje.
Hay personas que no notan cuando salimos de ellas. Y otras, en las que entramos sin saberlo nosotros.
(Escuchar muy muy alto)
(foto Kiarostami)
10.5.07
Porque sí
El día es agradablemente caluroso. Radio Círculo habla de que no hay revistas especializadas para hombres que no sean de tetas o deporte, como si las hubiera para mujeres, hablaban de diseño. Me lavo el pelo y se seca solo. Los ojos tienen sueño, alergia quizá. El cuerpo comienza a pesar y las ideas a hacerse livianas. Los vencejos chillan y me pasan muy cerca. Escucho a Keith Jarret y Gary Peacock en el estupendo‘Tokyo 96’. He hecho verduras cortadas en trozos pequeños con especias. Leí al delicioso Andre Gide simplemente contando historias. Los cuerpos de la gente comienzan a exhibirse pero no se hablan.Sí, esto lo escribo ahora. Para qué? Porque sí.
Me paro. Levanto los ojos y me detengo. Pienso en viajar. Una ventana abierta al mar. Mirar desde allí por última vez. Los ojos miran de otra forma cuando saben que es la última mirada.
Caminar por la calle mirando caras, gestos, luz, observando ruidos para retenerlos e imaginar historias. Y mientras regrese a casa, con los ojos en el paisaje hilvanar imágenes a palabras. Los sonidos, los colores irán a parar a un hueco que ya estaba, parece ser, destinado a eso. Almacenar un trozo de vida que formará una geografía llena de fragmentos. Queda el paisaje.
(foto Kiarostami)
6.5.07
Efectos secundarios
A veces, abres los ojos cuando comienza el día y entonces ocurre.Ha ocurrido hoy. Ese algo que nos mantiene inquietos, dudando hasta de nosotros mismos, de repente se aclara y te preguntas por qué no lo habías visto antes. Y es que el corazón ve de una manera y la realidad, si es que la hubiera, lo hace de otra. Sería interesante escribir la misma historia desde los dos puntos de vista.¡Que empeño! en buscar donde no hay. Eso pasa por no dejarse ir, por no dejar que el balanceo de los días nos lleve a la deriva y que sus aguas revueltas nos vapuleen.
En esas aguas he estado ayer pescando libros, o ellos a mí. Se estaba a gusto, nadie incordiaba, era temprano y la luz del sol entraba por las ventanas. Allí estaban, en orden, libros ya leídos por otros ojos y vendidos para un intercambio anónimo por poco dinero, del que curiosamente, se disfruta aún más.
Mis ojos miraban con atención esas estanterías siempre demasiado altas. Y me topé con un librito precioso de Catherine Mansfield, ‘En la Bahía’, editado en Buenos Aires en 1943, este lo he estado acariciando y oliendo y también he encontrado ‘Apuntes’de Elías Canetti en una buena edición de Galaxia Gutenberg, este lo he estado leyendo:
“Insoportables, los que siempre se creen auténticos”
“¿Podríamos tener aún esperanzas para el pasado?”
“Él ha perdido el amor de ella gracias a sus solemnes protestas. Ella ansía insultos”
“Suciedad como confusión”
“El olvidado oye que lo llaman”
“Una palabra que nunca utilizamos nos asalta con violencia irresistible”
“No es necesario conocer a todos los grandes autores, siempre que se conserve viva la expectación ante ellos”
“Algunas cosas las escribimos únicamente para incrementar la vida en este mundo”
“Nubes de palabras usadas, ¿Qué lluvia van a dar?”
Ha ocurrido hoy. Y aunque es muy doloroso he tratado de sacarme el anzuelo al que he estado enganchada. Ahora temerosa, espero los efectos secundarios.
3.5.07
Macky the Knife
Hace unos meses vi una película con la que disfruté mucho “Beyond the Sea”, es un musical bien hecho y además el actor, director, y guionista es uno de mis preferidos Kevin Space (mmmm). He vuelto a verla de nuevo y lo he pasado genial. Bobby Darin se me hace tierno y sino mirar sus ‘aparéntemente’ blandos movimientos. Me parece delicioso. Aunque no sé si a Brecht le hubiera gustado esta versión de Mackie Messer, no me imagino yo a un Macheath con tanto swing.
En cuanto a las versiones y las traducciones hay muchas y muy libres, pero creo que ésta se acerca más a la que canta Darin (si hay alguien que sepa bien inglés como para comprobarlo, que opine)
Any way…a mi me encanta Bobby Darin.
...con ustedes Macky the Knife
Oh el tiburón, tiene semejantes dientes,
Y él los muestra, blancos, perlados,
Sólo una navaja de bolsillo tiene el viejo MacHeath,
Y él no la tiene a la vista,
Ya sabes que cuando ese tiburón muerde con sus dientes,
Las olas de color escarlata empiezan a desparramarse,
Guantes elegantes, oh, usa el viejo MacHeath,
Pues nunca, nunca hay un rastro de color rojo
En la vereda, oh, Domingo por la mañana,
No sabes,
Hay un cuerpo sin la vida,
Y alguien se escapa de prisa doblando la esquina,
¿Ése podría ser nuestro sujeto, Mack el cuchillero?
Desde un barco remolcador, río abajo,
No sabes,
Hay una bolsa de cemento que simplemente la deja caer,
Ese cemento allí, está para que haga peso,
Apuesto cinco a diez a que el viejo Macky volvió al pueblo
Hablaremos de Louie Miller, que desapareció,
Después de sacar todo su dinero ganado con sacrificio,
Y ahora MacHeath gasta,
él simplemente gasta como un, como un marinero,
¿Podría ser, podría ser, podría ser,
que nuestro sujeto haya hecho algo imprudente?
Ahora Jenny Diver, oh Sukey Tawdry,
Mira a la Srta. Lotte Lenya, y Lucy Brown,
Sí, la línea forma a la derecha,
Ahora que Macky está de vuelta en el pueblo
Yo dije Jenny Diver, sí, Sukey Tawdry,
Mira, la Srta. Lotte Lenya, y Lucy Brown,
Sí, la línea forma a la derecha,
Ahora que Macky está de vuelta en el pueblo
Mira, el viejo Macky regresó
En cuanto a las versiones y las traducciones hay muchas y muy libres, pero creo que ésta se acerca más a la que canta Darin (si hay alguien que sepa bien inglés como para comprobarlo, que opine)
Any way…a mi me encanta Bobby Darin.
...con ustedes Macky the Knife
Oh el tiburón, tiene semejantes dientes,
Y él los muestra, blancos, perlados,
Sólo una navaja de bolsillo tiene el viejo MacHeath,
Y él no la tiene a la vista,
Ya sabes que cuando ese tiburón muerde con sus dientes,
Las olas de color escarlata empiezan a desparramarse,
Guantes elegantes, oh, usa el viejo MacHeath,
Pues nunca, nunca hay un rastro de color rojo
En la vereda, oh, Domingo por la mañana,
No sabes,
Hay un cuerpo sin la vida,
Y alguien se escapa de prisa doblando la esquina,
¿Ése podría ser nuestro sujeto, Mack el cuchillero?
Desde un barco remolcador, río abajo,
No sabes,
Hay una bolsa de cemento que simplemente la deja caer,
Ese cemento allí, está para que haga peso,
Apuesto cinco a diez a que el viejo Macky volvió al pueblo
Hablaremos de Louie Miller, que desapareció,
Después de sacar todo su dinero ganado con sacrificio,
Y ahora MacHeath gasta,
él simplemente gasta como un, como un marinero,
¿Podría ser, podría ser, podría ser,
que nuestro sujeto haya hecho algo imprudente?
Ahora Jenny Diver, oh Sukey Tawdry,
Mira a la Srta. Lotte Lenya, y Lucy Brown,
Sí, la línea forma a la derecha,
Ahora que Macky está de vuelta en el pueblo
Yo dije Jenny Diver, sí, Sukey Tawdry,
Mira, la Srta. Lotte Lenya, y Lucy Brown,
Sí, la línea forma a la derecha,
Ahora que Macky está de vuelta en el pueblo
Mira, el viejo Macky regresó
1.5.07
Ella, yo

Yo digo, siempre, y ella, a menudo. Yo digo nunca, y ella dice, a veces. Cuando me despido digo, hasta luego, querido, y ella, simplemente adiós. Yo, cuídate, y ella, que te vaya bien. Si es por la mañana, yo, que tengas un buen día, y ella, buenos días. Yo digo, creo. Ella, pienso. Yo sueño en blanco y negro, y ella, en colores. No lo entiendo.
(foto Massidda)
28.4.07
Condenada belleza del mundo
Hace unos meses llegó a mis manos este librito que solamente con el título despierta un sentimiento perturbador. Es un libro curioso, una versión facsímil de un pequeño relato de Luis Martín-Santos que se encontró entre sus textos inéditos, aunque no del todo porque ya se había publicado anteriormente en algunas revistas especializadas. Lo que más me ha llamado la atención de este pequeño relato -del rodaje de la película de los 60 titulada ‘El próximo otoño’ dirigida por Antxon Ezeiza- es la definición de la historia: “un encuentro no modificante”, me parece un acierto tremendo al igual que el título, tan bello y que en las primeras páginas se repite in crescendo como una letanía, un rezo vital: “Condenada belleza del mundo, qué estentóreamente proclamas tu necesidad inevitable. Condenada belleza del mundo, qué incansablemente vuelves a despojarte de tu velo purpúreo en cada aurora. Condenada belleza del mundo, qué engañadoramente te obstinas en mostrar, sobre la redondez de tu pecho, el finiquitamiento rosado de la cúpula amamantándola. Desciende, quédate conmigo, baja la voz, susurra. Atrévete a hablarme al oído. Dime por qué eres necesaria”.Narra la historia ‘inverosimil’ de amor entre un ex seminarista y una turista francesa en un pueblecito de la costa de las Alpujarras, pero esto es lo de menos porque… “es un encuentro no modificante”. Curiosa también la dialéctica que se desarrolla al final. El deseo y el miedo a conseguirlo.
Me sorprende la mirada visionaria de Martín-Santos, esa mirada crítica desde los años sesenta de un país ya contaminado, con una narración penetrante y aguda, que se acercó al cine por dentro.
No he visto aquella película y tampoco sé porque se cambió de nombre, o si, pues se iba a llamar ‘El último verano’ y al final se convirtió en ‘El último otoño’. Aunque Martín-Santos no pudo ver estrenada la película, murió, eso si, en ‘libertad provisional’.Aquí os dejo sus correcciones. Su escritura
25.4.07
23.4.07
?

El cuadaernonaranja debe tener algún poder extraño, pues comienza a apuntar cosas que antes no podía. Ha escrito en letra negra diminuta al final de la página, al filo del extremo, y yo me preguntó porqué ha dejado tanto espacio en blanco por encima y no debajo. A veces me gustaría preguntarle el porqué de esas cositas que hace, pero ya alguna vez me ha respondido que hay cosas que no se deben explicar, si lo hiciéramos, ya no serían. Y claro con esa explicación que tampoco entendí, me fue imposible seguir preguntando. Había cerrado la puerta de la pregunta, y luego pensé que por eso se pone el símbolo ? para saber que se acaban, porque las preguntas también tienen que tener su límite, no? Aunque hay preguntas que son como agujeros negros.Sobre todo si encierran un nombre propio. Lo que todavía no comprendo es porqué se tiene que poner el mismo símbolo al principio . Nunca se sabe cuando empieza a gestarse una pregunta. Bueno, el caso es que no seguí preguntándole. Tan solo leí lo que había escrito:
Mamá un día dijo: es una pena, hija. He perdido todos los sentidos. He perdido el olfato y ya no oigo los olores.
Dijo algo poético por primera vez en su vida y fue la última, ni siquiera pudo entenderlo.
Mamá un día dijo: es una pena, hija. He perdido todos los sentidos. He perdido el olfato y ya no oigo los olores.
Dijo algo poético por primera vez en su vida y fue la última, ni siquiera pudo entenderlo.
Yo creo que debe estar escribiendo alguna historia nueva
21.4.07
Por no estar distraídos
Sigue apuntando regularmente sus letras en el cuadernonaranja, parece que ahora está en calma, aunque de vez en cuando, me ha dicho, echa de menos algunas voces.La casa se ha levantado al mismo tiempo que yo- ha escrito- la he oído bostezar, espera mis movimientos, la música, ese ir y venir entre los objetos parados. Me detengo en el espejo del lavabo y tras un rato largo decido que hoy no me peinaré, me gusta que el pelo suave roce mis hombros, así revuelto, noto mi cuerpo y me agrada sentirlo, aunque es absurdo escribir esto. Hace un día hermoso, muy hermoso y la luz se posa sobre las cosas y las hace aparecer, están ahí, esperando a que las tome. Hoy será lo aleatorio lo que marque el ritmo. Estoy placenteramente distraída.
Me he dado cuenta que he comenzado a olvidar cosas del pasado que no quería olvidar por eso y saltando las baldosas, blanco, negro, blanco, negro, he ido a la librería y he abierto el libro de Clarice Lispector ‘Para no olvidar’ y me ha gustado mucho el siguiente fragmento:
Por no estar distraídos
“Había la levísima embriaguez de andar juntos, esa alegría como cuando se siente la garganta un poco seca y se ve que por admiración se estaba con la boca abierta. Respiraban de antemano el aire que estaba delante y tener esa sed era su propia agua. Andaban por calles y calles hablando y riendo, hablaban y reían para dar materia y peso a la levísima embriaguez que era la alegría de su sed. A causa de los coches y de la gente, a veces se tocaban, y a ese contacto –la sed es la gracia, pero las aguas son de una belleza oscura-, y a ese contacto brillaba el brillo de su agua, la boca un poco más seca de admiración.¡Cómo admiraban estar juntos!
Hasta que todo se transformó en no. Todo se transformó en no cuando ellos quisieron esa misma alegría suya. Entonces la gran danza de los errores. El ceremonial de las palabras poco acertadas. Él buscaba y no veía, ella no veía que él no había visto, ella que estaba allí, sin embargo. Sin embargo él, que estaba allí. Todo fue un error, y había la gran polvareda de las calles, y cuando más se equivocaban, más querían con aspereza, sin una sonrisa. Todo sólo porque habían prestado atención, sólo porque no estaban lo bastante distraídos. Sólo porque de repente, exigentes y duros, quisieron tener lo que ya tenían. Todo porque habían querido darle un nombre: porque quisieron ser, ellos que eran. Aprendieron entonces que, si no se está distraído, el teléfono no suena y que es necesario salir de casa para que la carta llegue, y que cuando el teléfono finalmente suena, el desierto de la espera ya ha cortado los hilos. Todo, todo por no estar más distraídos.”
Por no estar distraídos
“Había la levísima embriaguez de andar juntos, esa alegría como cuando se siente la garganta un poco seca y se ve que por admiración se estaba con la boca abierta. Respiraban de antemano el aire que estaba delante y tener esa sed era su propia agua. Andaban por calles y calles hablando y riendo, hablaban y reían para dar materia y peso a la levísima embriaguez que era la alegría de su sed. A causa de los coches y de la gente, a veces se tocaban, y a ese contacto –la sed es la gracia, pero las aguas son de una belleza oscura-, y a ese contacto brillaba el brillo de su agua, la boca un poco más seca de admiración.¡Cómo admiraban estar juntos!
Hasta que todo se transformó en no. Todo se transformó en no cuando ellos quisieron esa misma alegría suya. Entonces la gran danza de los errores. El ceremonial de las palabras poco acertadas. Él buscaba y no veía, ella no veía que él no había visto, ella que estaba allí, sin embargo. Sin embargo él, que estaba allí. Todo fue un error, y había la gran polvareda de las calles, y cuando más se equivocaban, más querían con aspereza, sin una sonrisa. Todo sólo porque habían prestado atención, sólo porque no estaban lo bastante distraídos. Sólo porque de repente, exigentes y duros, quisieron tener lo que ya tenían. Todo porque habían querido darle un nombre: porque quisieron ser, ellos que eran. Aprendieron entonces que, si no se está distraído, el teléfono no suena y que es necesario salir de casa para que la carta llegue, y que cuando el teléfono finalmente suena, el desierto de la espera ya ha cortado los hilos. Todo, todo por no estar más distraídos.”
(Cuadro Antonio Lopez)
17.4.07
Cuadernonaranja

Hace un par de días llegaron los vencejos a estas costas donde el mar es imaginado aunque no ficticio. Planearon con su inquieto y eterno aleteo sobre el jardín, aunque aún vuelan demasiado alto. Ese día ella, por fin, abrió el cuadernonaranja, venciendo todos sus miedos y escribió por primera vez:
15 de Abril… veo los primeros vencejos que en círculos transparentes advierten que la luz templada se acerca. Que el 21 de Marzo comience la primavera nunca me dijo nada, ni siquiera me hacía abrir las aletas de la nariz para olisquear el aire como hacia mi perro cuando el viento le revolvía el instinto. Son los vencejos, sin embargo, los que han avisado a mi organismo y mis sentidos de que ha cambiando un ciclo y empieza otro.Cómo echo de menos a los pájaros. Allí estaban más cerca. Allí. Me he parado con el cuello doblado hacia atrás como las cigüeñas en celo, destrozándome alguna vértebra, de las que parecen ser imprescindibles para mantener el equilibrio y claro cuando he vuelto la cabeza a su originario lugar, el horizonte se ha tambaleado como si se tratase de un puro simulacro, una cabina de esas oscuras que utilizan los pilotos en las que ensayan con la realidad y sus posibles accidentes como si se pudieran prever. Todo ha comenzado a dar vueltas y he caído boca arriba sobre el césped, pero ha merecido la pena el desequilibrio. Me he sentido ebria al igual que ellos lo parecen fragmentando el viento. Así he podido disfrutar de estos inquietos pájaros que permanecen volando sin parar nueve meses al año. Sí, comen, copulan y duermen en el aire. Como todos. Rebajan un poco su aleteo mientras duermen. Intentad mover diez veces por segundo un brazo o un dedo y entonces seréis conscientes de la rapidez con la que se mueven.
Mientras, Händel y sus salmos siguen ahí metidos dando vueltas mágicas a un sonido que se extiende por la casa. Anne Sofie von Otter acomete el Dixit Dominis con un agudo similar al de los vencejos. Fuera, llueve como cuando mi madre salpicaba la ropa que iba a planchar. Salpicar creo que se dice y no gotear como pretenden.
Hierve el agua del té. Leo la novela de un amigo y me pierdo muy a gusto en éste genial monólogo poético circular alrededor de un fracaso.
Como todos.
Como todos.
14.4.07
En la buhardilla de los Höller
Como un encantamiento, atrapada en la circular escritura de Bernhard de nuevo. Cuando las lilas han comenzado a salir y su malva explota en los recuerdos mortales. Capullos que rompen la vista y los sentidos mientras las letras se agitan en un sueño inquieto. La incertidumbre del deseo pesa y la satisfacción se incomoda, se revuelve anticipando miedos, se resbala líquida entre las pestañas, matizando susurros apenas audibles para la mayoría de los oídos. Un silencio grave rodea la casa y las pequeñas flores que saldrán en breve duermen su belleza bajo la humedad de una tierra removida ya demasiadas veces.De igual forma, hay secretos debajo de la piel que vuelan hacia las ramas enredadas de las glicíneas mientras mis manos las guían. La luz del día hará más leve la locura interna de querer crear historias con unos dedos demasiado tiernos, como bulbos de tulipanes agitados.
Encerrarse durante días, largos y placenteros días en la buhardilla de los Höller- como hacía antes en el mirador de cristal-para no decir palabra, para moverse lentamente por dentro y por fuera en un espacio incierto preparado quizás para una determinación y que en una dulce espera lleguen las palabras, que vengan en mi auxilio los soldados durmientes de la retaguardia, que me abracen y en volandas me transporten al otro lado de la línea de fuego, allí donde habita el enemigo y poder verle la cara para que las heridas en la cercanía sean profundas y de una vez por todas.
10.4.07
8.4.07
Pasear

La mañana vacía de ruidos queda rota con un movimiento brusco y una mano que se empina para coger del perchero un abrigo, la otra mano sin apenas darse cuenta, atrapa el estuche pequeño de acuarelas y el cuaderno que se ven forzados a entrar en un bolso lleno de tareas pendientes.
Unos arbustos verdes con bolas rojas desbordan el cuaderno y se apoderan de toda la página, han devorado los márgenes, no hay espacio, todo pierde su contorno y no existe ya la forma en sí misma. No vale de nada y no existe tampoco propósito ni maquinación, todo se desmenuza en una mancha verde tocada por puntos rojos y apenas distingo qué es qué.
Miro unas hojas que han venido a pudrirse desde muy lejos, de donde la vida les arrancó de unas ramas mórbidas y vapuleadas por un otoño protocolario que se persona en todos los árboles del mundo sembrando en cada uno de nosotros una tristeza genuina sellada oficialmente de gris.
Sólo el marrón y el verde. Se maceran en la putrefacción con el agua fría y deshacen sus venas en el estómago de algún escarabajo o algún pico estrecho de un engordado gorrión por migas de pan infantil o quizás por la piedad de una mano temblorosa llena de pecas.
Una hoja roja aún con manchas marrones, se aprieta ahora contra las láminas granuladas de mi cuaderno que chupa todo lo que ve.
Mientras, camino despacio encogida por una piel de gallina que de repente ha descubierto los miles de poros que tengo, la mano derecha dentro del bolsillo del abrigo, persigue las llaves que suenan para hacer audible su necesaria presencia, cuando los pies se apresuran al llegar a la puerta del jardín, echo de menos la aldaba en forma de mano. Definitivamente la llave larga hará, por fin la labor que ansía desde que cerro sus dientes y se dejó caer en el bolsillo y tras su éxito al abrir de nuevo la puerta, casi noto entre los dedos un suspiro profundo y satisfecho.
Unos arbustos verdes con bolas rojas desbordan el cuaderno y se apoderan de toda la página, han devorado los márgenes, no hay espacio, todo pierde su contorno y no existe ya la forma en sí misma. No vale de nada y no existe tampoco propósito ni maquinación, todo se desmenuza en una mancha verde tocada por puntos rojos y apenas distingo qué es qué.
Miro unas hojas que han venido a pudrirse desde muy lejos, de donde la vida les arrancó de unas ramas mórbidas y vapuleadas por un otoño protocolario que se persona en todos los árboles del mundo sembrando en cada uno de nosotros una tristeza genuina sellada oficialmente de gris.
Sólo el marrón y el verde. Se maceran en la putrefacción con el agua fría y deshacen sus venas en el estómago de algún escarabajo o algún pico estrecho de un engordado gorrión por migas de pan infantil o quizás por la piedad de una mano temblorosa llena de pecas.
Una hoja roja aún con manchas marrones, se aprieta ahora contra las láminas granuladas de mi cuaderno que chupa todo lo que ve.
Mientras, camino despacio encogida por una piel de gallina que de repente ha descubierto los miles de poros que tengo, la mano derecha dentro del bolsillo del abrigo, persigue las llaves que suenan para hacer audible su necesaria presencia, cuando los pies se apresuran al llegar a la puerta del jardín, echo de menos la aldaba en forma de mano. Definitivamente la llave larga hará, por fin la labor que ansía desde que cerro sus dientes y se dejó caer en el bolsillo y tras su éxito al abrir de nuevo la puerta, casi noto entre los dedos un suspiro profundo y satisfecho.
5.4.07
Azar numérico

Con un batir de alas me llega una proposición que supongo, lo siento, terminará aquí. El mensaje decía: “abrir el libro que estemos leyendo por la página 139 y leer las cinco primeras líneas del párrafo segundo y darlas a conocer”. Inocente de mí, y maldiciendo mi candor segundos después, lo hice. Era el último puñetero párrafo del libro ‘La verdadera’ de Saul Bellow. Lo peor no fue llegar a la página 139 sino leerlo. Imbécil, me repetía después mientras maldecía los ‘memes’ y mi absurda reacción: leerlo. Por qué lo leí sabiendo que era el final, encontrándome yo en plena lectura en la página 68. Por qué?, supongo que porque simplemente era el final, el final de una historia. Para reconfortarme me dije, sabiendo que me mentía, no importa el final, importa como se cuente y lo cierto es que uno disfruta mucho de la escritura del Bellow. Pero el azar se presentaba de nuevo en forma de número. También un cinco de abril de hace tan sólo dos años moría Bellow del que tengo pendientes muchas de sus obras fundamentales como Herzog o Ravelstein. Hoy cinco de abril un concurrente batir de alas me ha llevado al final de una historia y de una vida que termina al mismo tiempo. Así que lo que en un principio fue una maldición, ahora se ha convertido en un agradecimiento, pues he dedicado parte del día a la lectura de la vida de este genial escritor que gano el premio “National Book Award” tres veces ( en el 54 con Las aventuras de Augie March, en el 65 con Herzog y en el 71 por el Planeta de Mr Sammler). El Pulitzer en el 76 con el legado de Humboldt y el Nobel en el año 76.
En la página 139 de mi edición Debolsillo sólo hay un párrafo. El último:
En la página 139 de mi edición Debolsillo sólo hay un párrafo. El último:
“- Quizá no sea la mejor ocasión para una propuesta de matrimonio. Pero si es una equivocación, no será la primera que cometa contigo. Es el momento de hacer lo que estoy haciendo y confío en que quieras ser mi mujer”
3.4.07
titubeo

Perder las ganas, como si apagaras la luz, así de pie, ausentarse de uno mismo, dejando caer los brazos, que empujados por los hombros, ya mudos, como un abrigo usado, se han rendido ante la pereza, no sin el miedo que volverá a visitarme otra vez, cualquier noche, como una equivocación, salpicándolo todo de dudas, mirar los zapatos con vértigo y que un leve, pero puntual, titubeo cuestione una verticalidad de la cual, reconozco, he dudado a menudo. Esta noche no había, ni siquiera en los oídos, un suspiro de evocación, todo mi cuerpo se ha vuelto granito, sin esperanza y las palabras, duras ya, han comenzado a dormirse, no hay signos de existencia, quizá haya sido un sueño
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